La ansiedad, ¿puede derivar en ataques de pánico?

Por Lic. Ma. Elisa Lacace Pérsico

En tu familia alguien ya lo experimentó. Lo escuchaste en la tele. Le pasó a uno de tus amigos. Cada vez es más frecuente en la población, como si fuese un mal que se va generalizando. ¿Te preguntaste, alguna vez, qué es exactamente un ataque de pánico, y por qué ocurre?

La crisis de pánico, más popularmente conocida como “ataque de pánico”, es un estado de miedo o malestar elevado que suele durar varios minutos, alcanzando su pico de malestar en los primeros diez. Este estado está precedido por una activación fisiológica, esto es, algún cambio en nuestro organismo (aceleración del ritmo cardíaco, algún mareo, sudoración, entre otros) e impulsado por una interpretación ansiosa de estos síntomas (“me estoy agitando”, “me estoy por desmayar adelante de todos”, “van a ver que estoy transpirando mucho y se van a dar cuenta de que tengo un problema”), lo que genera una intensificación de los mismos. Y como si esto fuese poco, hay un punto en el que todos quienes lo padecieron coinciden: la percepción que se tiene es la de estar a punto de morir, de perder el control o de volverse loco.

Sabemos que todos podemos activarnos fisiológicamente frente a ciertas circunstancias: en el momento previo a rendir un examen, en el gimnasio, cuando queremos bailar “El Meneaito” como si tuviésemos veinte años, o al recibir ese mensaje de Whatsapp tan esperado; pero es la interpretación ansiosa de esos síntomas la que genera que se acrecienten, alcanzando en su máxima manifestación las ideas tan temidas de muerte y locura. A partir de esto, podemos afirmar que no hay ataques de pánico sin ansiedad. Ahora bien, ¿todas las personas con altos niveles de ansiedad tienen ataques de pánico?

Si la cuestión axial se encuentra, entonces, en la interpretación de los primeros síntomas, lo fundamental serán los pensamientos que llevan a estas interpretaciones. Se sabe que toda persona con este padecimiento posee convicciones previas sobre lo peligroso que puede ser sentir, por ejemplo, agitación, ahogo o mareos, y serán éstos los puntos a trabajar en el abordaje cognitivo conductual del tratamiento para pacientes con esta problemática.

En conclusión, podemos afirmar que todos quienes padecen crisis de pánico parten de una disposición ansiosa que los lleva a sentirse vulnerables y a esperar lo peor; pero no al revés. Es decir, no todas las personas ansiosas padecen ataques de pánico; y esto se debe a que no todas consideran los cambios fisiológicos como una señal de peligro.

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