Lo que diciembre nos dejó

Por Lic. María Elisa Lacace Pérsico

Año tras año, diciembre es un mes de despedidas y encuentros obligatorios. Para quienes estudian es una época de exámenes, de finalización de proyectos o pases de nivel. Las empresas y emprendedores hacen su balance de fin de ciclo y establecen los objetivos para el año siguiente.

Este acontecimiento colectivo condensa el final del calendario con evaluaciones, plazos y cierres. Muchas personas buscan reunirse con sus seres queridos antes de fin de año,  como si el 1° de enero fuera a explotar el planeta, o como si reunirse después de esa fecha ya no tuviese el mismo sentido.

Se trata de una época que a su vez tiene un impacto emocional: ¿qué tan conformes estamos con nuestra vida? El año que despedimos; ¿cumplió nuestras expectativas?, ¿concretamos lo planificado?, ¿cuánto hemos accionado para materializar nuestros deseos?, y… ¿cuánto hemos ido “dejando para después“?

Si bien es posible que nos toque atravesar situaciones dolorosas por las que nunca hubiéramos optado, siempre está la chance de elegir cómo transitarlas. Tanto aquí como en lo relacionado con nuestras metas, podemos pararnos desde un lugar consciente, escogiendo qué camino seguir y sosteniéndolo desde una acción comprometida. 

Permanecer en una posición de inacción o postergación, es también una elección y una forma de conducta igual de significativa: estamos delegando nuestra responsabilidad al azar o “al año nuevo”. Aunque no lo notemos, nuestros propósitos se ven reflejados en nuestra conducta. Es imposible no elegir.

Cuando sentimos que la acción vinculada con nuestros objetivos está frenada, es fundamental ver qué está funcionando como barrera. ¿Hay algún tipo de incomodidad o de emoción dolorosa que nos estemos “ahorrando” al no avanzar?, ¿con qué experiencias internas entraríamos en contacto si diéramos ese paso?, ¿es temor al fracaso, o a que el resultado sea peor que nuestra situación actual?, ¿es intolerancia al aburrimiento, o a encontrarnos con pensamientos que nos digan que nuestro esfuerzo no alcanza o no lo estamos haciendo lo suficientemente bien?

Cuando sucumbimos a estas barreras, al final de cada año estaremos sintiendo lo mismo: que no avanzamos hacia lo que anhelamos. ¿Qué emociones y pensamientos aparecen a partir de esto?, ¿pudimos ahorrarnos las experiencias internas que intentábamos evitar? 

Si seguimos esperando que el año nuevo “haga su magia”, es muy factible que las cosas sigan igual. Para no llegar a este punto, en los momentos en que nos sentimos detenidos y lejos de la vida que queremos, es clave hacer psicoterapia. Estudios sobre la conducta humana han revelado que las personas que dedican su tiempo a actividades que consideran valiosas o que las acercan a sus metas, viven con un mayor grado de motivación y satisfacción consigo mismas. Independientemente de qué tan complicadas puedan ser las circunstancias, tienen mayor voluntad y reducen las chances de deprimirse. Es aquí donde el rol del terapeuta es casi como el de un coach, en el sentido de funcionar como guía en el proceso de construcción del sentido y en la organización de los objetivos.

Ahora bien, hay una idea instalada de la psicoterapia como un espacio para desahogarse, cuando en realidad no se reduce a eso. Se trata de un dispositivo para pensar qué nos está ocurriendo, cuáles son nuestras barreras y encaminarnos hacia el cambio que queremos en un trabajo conjunto con el terapeuta. Implica una labor de sesión a sesión, en un compromiso con aquello que es valioso para nosotros aún a expensas de nuestra propia incomodidad. Crecer y avanzar es salir de la zona de confort.

Los pacientes que concurren a psicoterapia para quejarse de su situación o lamentarse, es probable que al llegar diciembre estén entre quienes sienten que su vida sigue igual y arrojan sus esperanzas de mejoría a la frescura del año entrante.

Estamos en enero, inició un ciclo nuevo. ¿Cómo queremos vivirlo?, ¿cuál es la incomodidad que estamos dispuestos a experimentar para estar más cerca de la vida que queremos? El año nuevo es todo oídos, y será testigo.

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